domingo, 28 de septiembre de 2008

DARÍO JARAMILLO




Primero está la soledad.

En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese froto perplejo, no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original -contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.



1 comentario:

KALISTA dijo...

Hay alguien que jamás faltó a la cita, es la soledad, siempre me acompañó, hasta ya me hice amiga.
Por las madrugadas miramos juntas el puente y el río desde mi ventana, por ahí tenemos una intrusa según como venga la noche, se nos acopla sin permiso la luna.
Pero la aceptamos igual a la charla, solo que por ahí, falla, ella dice que está pero no la vemos. Bha!...la queremos igual y ella lo sabe.
Un abrazo enorme de mi soledad y yo...